CIRUGÍAS Y PROCEDIMIENTOS

Cirugías para recuperar tu calidad de visión

Realizamos cirugía de catarata y cirugía refractiva (LASIK, PRK y lente ICL) con tecnología de última generación. Conoce en qué consiste cada procedimiento y quiénes pueden ser candidatos.

CIRUGÍAS Y PROCEDIMIENTOS

Conoce nuestras cirugías y procedimientos

Revisa en qué consiste cada procedimiento, quiénes pueden ser candidatos y qué considerar antes de la cirugía. Si tienes dudas, nuestro equipo te orientará al agendar.

Catarata

¿Qué es la catarata?

La catarata es la pérdida de transparencia del cristalino, la lente natural del ojo. El cristalino es una estructura transparente, de forma biconvexa, situada detrás del iris, cuya función es ayudar a enfocar las imágenes sobre la retina para que la información visual pueda ser transmitida al cerebro.

Con el paso del tiempo, el cristalino puede experimentar cambios en su estructura y transparencia, desarrollando distintos grados de opacidad. Esto dificulta el paso de la luz y puede provocar una disminución progresiva de la calidad visual. En los casos más avanzados, la opacidad puede ser tan importante que comprometa considerablemente la visión.

La catarata es una de las principales causas de pérdida de visión reversible mediante cirugía en el mundo, especialmente en personas mayores. Aunque se relaciona principalmente con el envejecimiento, también puede aparecer a edades más tempranas por otros factores.

Catarata

Síntomas de la catarata

Los síntomas pueden desarrollarse lentamente y variar según el tipo y el grado de opacidad del cristalino. Entre los más frecuentes se encuentran:

  • Visión borrosa, nublada o menos nítida.
  • Disminución de la percepción de los colores, que pueden verse más apagados o amarillentos.
  • Mayor sensibilidad a la luz y deslumbramiento, especialmente durante la conducción nocturna.
  • Dificultad para ver con poca iluminación.
  • Aparición de halos alrededor de las luces.
  • Visión doble o imágenes fantasma en un solo ojo.
  • Dificultad para leer, utilizar dispositivos electrónicos o realizar actividades cotidianas.
  • Cambios frecuentes en la graduación de los anteojos.

En algunas personas, especialmente cuando la catarata afecta el núcleo del cristalino, puede producirse un cambio temporal en la graduación hacia la miopía. Esto puede hacer que el paciente perciba una mejoría al leer sin sus anteojos habituales. Sin embargo, este cambio no significa que la visión esté mejorando: a medida que progresa la catarata, la calidad visual tiende a deteriorarse.

Es importante tener presente que la catarata no es una película que crece sobre la superficie del ojo, sino una opacidad del cristalino que se encuentra dentro de él.

Actualmente, no existen medicamentos, gotas ni dietas que eliminen una catarata ya formada. No obstante, algunas medidas, como proteger los ojos de la radiación ultravioleta, evitar el tabaco y controlar enfermedades como la diabetes, pueden contribuir a cuidar la salud ocular y reducir ciertos factores de riesgo.

Catarata

Causas de la catarata

La causa más frecuente es el envejecimiento natural del cristalino. Con los años, sus proteínas y estructuras internas experimentan cambios que pueden producir pérdida de transparencia. Por esta razón, la catarata es más habitual en personas mayores, aunque su aparición y progresión varían entre individuos.

Existen otros factores que pueden favorecer su desarrollo:

  • Edad: es el principal factor asociado a la catarata.
  • Antecedentes familiares: la predisposición genética puede influir en la edad de aparición y en el riesgo de desarrollarla.
  • Enfermedades generales: especialmente la diabetes mellitus.
  • Traumatismos oculares: pueden provocar cataratas incluso en personas jóvenes.
  • Medicamentos: el uso prolongado de determinados corticoides puede aumentar el riesgo.
  • Radiación ultravioleta: la exposición acumulada puede contribuir al desarrollo de cataratas.
  • Cirugías o enfermedades oculares previas: algunas condiciones pueden favorecer su aparición.

Aunque no siempre es posible evitar una catarata, mantener hábitos saludables y realizar controles oftalmológicos periódicos permite cuidar la visión y detectar oportunamente sus consecuencias.

Catarata

Tratamiento de la catarata

El único tratamiento capaz de eliminar una catarata establecida es la cirugía. El procedimiento consiste en retirar el cristalino opaco y reemplazarlo por una lente intraocular artificial (LIO), diseñada para recuperar el enfoque de las imágenes.

La cirugía de catarata es uno de los procedimientos oftalmológicos más realizados en la actualidad y presenta altas tasas de éxito. Sin embargo, como toda intervención quirúrgica, no está exenta de riesgos y su resultado también depende del estado previo del ojo, de la presencia de otras enfermedades oculares y de las características individuales de cada paciente.

Catarata

¿En qué consiste la cirugía?

La técnica más utilizada es la facoemulsificación. Habitualmente se realiza con anestesia local, mediante gotas anestésicas o, cuando está indicado, otras técnicas de anestesia local.

A través de una pequeña incisión en la córnea, el cirujano introduce un instrumento que utiliza ultrasonido para fragmentar y retirar el cristalino opaco. Posteriormente, se implanta una lente intraocular artificial que queda ubicada dentro del ojo, generalmente en el saco capsular que contenía al cristalino natural.

En la mayoría de los casos, la incisión es tan pequeña que se sella por sí misma y no requiere puntos de sutura.

La recuperación visual suele comenzar durante los primeros días, aunque el tiempo necesario para alcanzar el resultado definitivo varía según cada paciente. El seguimiento postoperatorio y el cumplimiento de las indicaciones médicas son fundamentales para una recuperación adecuada.

Catarata

¿Cuándo se indica la cirugía?

La presencia de una catarata puede identificarse durante una evaluación oftalmológica mediante el examen del cristalino con instrumentos especializados. Para establecer el diagnóstico no suele ser necesario realizar estudios de imagen específicos, aunque pueden requerirse otros exámenes para evaluar el estado general del ojo.

La cirugía se considera principalmente cuando la catarata afecta actividades cotidianas como leer, conducir, trabajar, reconocer rostros o desenvolverse con seguridad e independencia.

No es necesario esperar a que la catarata esté muy avanzada. La decisión debe basarse en los síntomas, las necesidades visuales del paciente, los hallazgos del examen y la relación entre los beneficios esperados y los riesgos del procedimiento.

Antes de la cirugía se realizan distintos exámenes oftalmológicos para estudiar las características del ojo y planificar el procedimiento. Entre ellos destaca la biometría ocular, que permite calcular la potencia de la lente intraocular que se implantará. Según cada caso, también pueden solicitarse topografía o tomografía corneal, evaluación de la retina, mediciones del astigmatismo y otros estudios complementarios.

Estos resultados permiten determinar qué tipo de lente intraocular puede ofrecer el mejor resultado para cada paciente, considerando su anatomía ocular, sus necesidades visuales y sus expectativas.

Catarata

Lentes intraoculares: ¿qué opciones existen?

Las lentes intraoculares son pequeños dispositivos ópticos que reemplazan el poder de enfoque del cristalino natural después de su extracción. En la actualidad existen distintas tecnologías que permiten adaptar el resultado visual a las necesidades de cada persona.

La elección de una lente no depende únicamente de la preferencia del paciente: también debe considerar las características anatómicas del ojo, la presencia de astigmatismo, la salud de la retina y del nervio óptico, las actividades habituales y la importancia que tiene para cada persona reducir el uso de anteojos.

Ninguna lente garantiza una independencia total de los anteojos en todas las circunstancias. Por eso, la elección debe realizarse después de una evaluación oftalmológica completa y una conversación sobre los beneficios y las limitaciones de cada alternativa.

Catarata

Lentes monofocales

Las lentes monofocales tienen un único punto focal y suelen configurarse para proporcionar una visión nítida de lejos. Son una alternativa ampliamente utilizada y ofrecen resultados visuales muy satisfactorios cuando las demás estructuras oculares se encuentran en buenas condiciones.

Cuando se eligen para visión lejana, habitualmente se necesitan anteojos para leer y para algunas actividades a distancia intermedia, como trabajar frente al computador. La necesidad y el momento de prescribirlos se determinan durante los controles posteriores a la cirugía.

Catarata

Lentes monofocales tóricas

Las lentes monofocales tóricas están diseñadas para corregir el astigmatismo corneal durante la cirugía de catarata, además de proporcionar un único punto focal.

El astigmatismo puede provocar imágenes desenfocadas o distorsionadas. Cuando está presente en una magnitud relevante, una lente tórica puede mejorar la calidad de la visión lejana y reducir la necesidad de anteojos para esa distancia.

Si la lente se configura para visión lejana, el paciente generalmente seguirá necesitando anteojos para leer y para determinadas actividades de cerca. La indicación depende de las mediciones corneales, la magnitud y regularidad del astigmatismo y otras características del ojo.

Catarata

Lentes multifocales

Las lentes multifocales están diseñadas para proporcionar visión a distintas distancias, incluyendo cerca y lejos, y, según el modelo, también distancias intermedias. Permiten tratar la catarata y, al mismo tiempo, reducir la dependencia de anteojos asociada a la presbicia.

Es importante saber que estas lentes pueden producir halos alrededor de las luces, deslumbramiento o una disminución de la sensibilidad al contraste, especialmente en condiciones de poca iluminación. La intensidad de estos fenómenos varía entre pacientes y debe considerarse al elegir la lente, particularmente en personas que conducen frecuentemente de noche.

La selección de una lente multifocal requiere una evaluación cuidadosa de la córnea, la retina, el nervio óptico y las expectativas visuales del paciente.

Catarata

Lentes multifocales tóricas

Las lentes multifocales tóricas combinan dos funciones: permiten enfocar a distintas distancias y corrigen el astigmatismo corneal.

Están indicadas en pacientes seleccionados que desean reducir su dependencia de anteojos y presentan un astigmatismo susceptible de corrección con este tipo de implante.

Al igual que otras lentes multifocales, pueden generar fenómenos luminosos, por lo que es fundamental evaluar las necesidades del paciente y explicarle los posibles beneficios y limitaciones antes de la cirugía.

Catarata

Lentes de profundidad de foco extendida (EDOF)

Las lentes EDOF, por sus siglas en inglés (Extended Depth of Focus), están diseñadas para ampliar el rango de visión nítida, proporcionando especialmente buena visión de lejos y a distancia intermedia.

En comparación con algunas lentes multifocales difractivas, determinados diseños EDOF pueden producir menos halos y deslumbramientos. Sin embargo, estos efectos no desaparecen por completo y el resultado depende de la tecnología utilizada y de las características individuales del paciente.

La visión cercana para tareas como leer letras pequeñas puede requerir anteojos, especialmente en determinadas condiciones de iluminación.

Catarata

Lentes EDOF tóricas

Las lentes EDOF tóricas combinan la ampliación del rango de visión con la corrección del astigmatismo corneal.

Su objetivo es proporcionar buena visión lejana e intermedia y reducir la dependencia de anteojos en determinadas actividades, al mismo tiempo que compensan el astigmatismo cuando las condiciones oculares lo permiten.

La indicación de una lente EDOF tórica depende de las mediciones preoperatorias, la salud ocular, las necesidades visuales y las expectativas del paciente. En algunas actividades de visión cercana puede seguir siendo necesario utilizar anteojos.

Catarata

¿Cómo se elige la lente intraocular adecuada?

La elección de una lente intraocular es una decisión personalizada. Durante la evaluación preoperatoria se estudian las características anatómicas del ojo, la potencia necesaria del implante, la presencia de astigmatismo y el estado de las distintas estructuras oculares.

También se consideran las actividades cotidianas del paciente, su trabajo, sus hábitos de lectura, el uso de pantallas, la conducción nocturna y su disposición a utilizar anteojos después de la cirugía.

Las lentes monofocales, tóricas, multifocales y EDOF ofrecen diferentes posibilidades. La mejor alternativa no es necesariamente la que promete la menor dependencia de anteojos, sino aquella que proporciona un equilibrio adecuado entre calidad visual, seguridad, expectativas y características oculares.

La evaluación oftalmológica permite identificar qué opciones son apropiadas para cada persona y tomar una decisión informada.

Catarata

Recupera tu calidad de visión

Con todos estos lentes a nuestra disposición, la cirugía de cristalino transparente (cirugía faco refractiva) para abandonar el uso de anteojos se ha vuelto cada vez más popular. Son muchos los pacientes que hoy por hoy la solicitan. Con una buena técnica quirúrgica y con el uso adecuado de los lentes antes descritos, la medicina actual es capaz de corregir casi todos los defectos ópticos visuales, y con eso, conseguir pacientes que no deben usar anteojos en su vida diaria.

Como último concepto, decir que la elección del lente a implantar va a depender de las características de cada paciente, y para eso deben realizarse exámenes oculares de última generación, presentes en nuestra clínica.

LASIK y PRK

¿Qué es la cirugía refractiva?

La cirugía refractiva es un conjunto de procedimientos quirúrgicos destinados a corregir defectos visuales como la miopía, la hipermetropía y el astigmatismo, con el objetivo de reducir la dependencia de anteojos o lentes de contacto.

Entre las técnicas más utilizadas se encuentran LASIK y PRK, procedimientos que emplean un láser para modificar la curvatura de la córnea y mejorar la forma en que la luz se enfoca en la retina.

Ambas técnicas pueden ofrecer buenos resultados visuales, pero presentan diferencias en la forma de realizar la cirugía y en el proceso de recuperación. La elección del procedimiento depende de una evaluación oftalmológica personalizada.

LASIK y PRK

Evaluación preoperatoria

Antes de realizar una cirugía refractiva, es fundamental estudiar las características de los ojos para determinar si el paciente es candidato al procedimiento y cuál es la técnica más adecuada.

La evaluación puede incluir los siguientes exámenes, según las necesidades de cada paciente:

  • Topografía o tomografía corneal: permite estudiar la forma y las características de la córnea.
  • Paquimetría corneal: mide el grosor de la córnea.
  • Refracción y cicloplejia: ayudan a determinar con precisión el defecto refractivo.
  • Aberrometría: evalúa determinadas imperfecciones ópticas del sistema visual.
  • Evaluación de la superficie ocular: permite identificar condiciones como el ojo seco, que pueden influir en la indicación y los resultados de la cirugía.

Estos exámenes, junto con la evaluación completa de la salud ocular y la estabilidad de la graduación, permiten establecer la factibilidad de la cirugía y seleccionar la técnica más apropiada.

LASIK y PRK

¿Quiénes pueden ser candidatos a cirugía refractiva?

La indicación debe ser determinada por un oftalmólogo después de una evaluación completa. En términos generales, los posibles candidatos cumplen con características como las siguientes:

  • Tener 20 años o más.
  • Presentar miopía, hipermetropía o astigmatismo susceptible de corrección mediante la técnica seleccionada.
  • Tener una graduación estable al menos 1 año.
  • Presentar una córnea sana y con características adecuadas para el procedimiento.
  • Tener expectativas realistas sobre los resultados y las posibles limitaciones de la cirugía.
  • Desear reducir la dependencia de anteojos o lentes de contacto por comodidad, razones laborales, deportivas o personales.

La cirugía puede no estar indicada en personas con determinadas enfermedades corneales, ojo seco importante, algunas patologías oculares o condiciones que puedan afectar la cicatrización. Durante el embarazo y la lactancia, generalmente se recomienda posponer la cirugía hasta que la graduación y las condiciones hormonales se hayan estabilizado.

No todas las personas son candidatas a LASIK o PRK. La decisión depende de los resultados de los exámenes y de la evaluación médica individual.

LASIK y PRK

Objetivo de la cirugía

El objetivo de la cirugía refractiva es mejorar la calidad visual y reducir la dependencia de anteojos o lentes de contacto para las actividades cotidianas.

Muchos pacientes consiguen realizar gran parte de sus actividades sin corrección óptica. Sin embargo, el resultado depende de factores como la graduación inicial, las características de la córnea y la respuesta individual al procedimiento.

En algunos casos puede persistir un defecto refractivo residual o ser necesario utilizar anteojos para determinadas actividades, como conducir de noche o realizar tareas que requieren una exigencia visual específica.

Además, la cirugía refractiva corneal no evita la aparición de la presbicia, un cambio relacionado con la edad que dificulta enfocar de cerca.

LASIK y PRK

Técnica LASIK

LASIK corresponde a Laser-Assisted In Situ Keratomileusis, que en español se traduce como queratomileusis in situ asistida por láser.

Es una técnica de cirugía refractiva que consiste en crear una fina lámina superficial de la córnea, denominada flap. Esta se levanta para permitir que un láser excímer remodele el tejido corneal subyacente y corrija el defecto refractivo. Posteriormente, el flap se reposiciona.

El procedimiento se realiza habitualmente de forma ambulatoria y con anestesia tópica mediante gotas. La recuperación visual suele ser rápida, aunque la evolución varía de una persona a otra.

Ventajas de LASIK
  • Procedimiento ambulatorio.
  • Se realiza con anestesia tópica.
  • Habitualmente presenta molestias leves durante la intervención.
  • Recuperación visual generalmente rápida.
  • Buena precisión en pacientes correctamente seleccionados.
  • Permite reducir la dependencia de anteojos o lentes de contacto.

Como todo procedimiento quirúrgico, LASIK presenta riesgos y posibles efectos secundarios, entre ellos sequedad ocular, deslumbramiento, halos alrededor de las luces y alteraciones visuales nocturnas. La evaluación preoperatoria ayuda a identificar factores que puedan aumentar estos riesgos.

LASIK y PRK

Técnica PRK

PRK corresponde a Photorefractive Keratectomy, o queratectomía fotorrefractiva.

Esta técnica utiliza un láser excímer para remodelar la córnea después de retirar su capa más superficial, denominada epitelio corneal. El epitelio se regenera naturalmente durante el proceso de cicatrización.

A diferencia de LASIK, PRK no requiere crear un flap corneal. Por esta razón, puede ser una alternativa en determinados pacientes para quienes LASIK no resulta la opción más adecuada, siempre que las características de la córnea permitan realizar el procedimiento de manera segura.

La recuperación visual suele ser más lenta que con LASIK. Durante los primeros días pueden presentarse molestias, lagrimeo y sensibilidad a la luz, mientras se regenera el epitelio. La mejoría visual es progresiva y puede tardar varias semanas en alcanzar su nivel definitivo.

Ventajas de PRK
  • Procedimiento ambulatorio.
  • Se realiza con anestesia tópica.
  • No requiere crear un flap corneal.
  • Puede ser una alternativa para determinados pacientes con córneas relativamente delgadas o débiles.
  • Puede ser conveniente para algunas personas que practican deportes de contacto o realizan actividades con riesgo de traumatismo ocular.

PRK también presenta riesgos, como dolor o molestias durante los primeros días, recuperación visual más lenta, opacidad corneal durante la cicatrización y posibles defectos refractivos residuales.

LASIK y PRK

¿Cuál es la diferencia entre LASIK y PRK?

Aunque ambas técnicas utilizan un láser para modificar la forma de la córnea, se diferencian principalmente en la manera de acceder al tejido corneal y en el tiempo de recuperación.

  • LASIK: crea un flap corneal y suele permitir una recuperación visual más rápida.
  • PRK: trata la superficie corneal sin crear un flap; requiere regeneración del epitelio y, por lo general, una recuperación visual más lenta.

No existe una técnica universalmente mejor para todos los pacientes. La elección debe considerar la graduación, el grosor y la forma de la córnea, la superficie ocular, las actividades habituales y otros antecedentes clínicos.

Lente ICL

¿Qué es la cirugía con lente ICL?

La cirugía refractiva con lentes intraoculares ICL (Implantable Collamer® Lens) es una alternativa para corregir determinados defectos visuales, especialmente la miopía y el astigmatismo asociado, en pacientes que buscan reducir su dependencia de anteojos o lentes de contacto.

Las lentes ICL son lentes intraoculares fáquicas que se implantan dentro del ojo, detrás del iris y delante del cristalino natural. A diferencia de la cirugía refractiva con láser, este procedimiento no requiere remodelar ni retirar tejido corneal y permite conservar el cristalino.

Fabricadas con Collamer®, un material desarrollado por STAAR Surgical, estas lentes están diseñadas para ofrecer una excelente calidad visual y una buena biocompatibilidad. Además, pueden retirarse o reemplazarse mediante una nueva intervención quirúrgica si existe una indicación médica.

La elección de esta técnica depende de una evaluación oftalmológica completa, que permite determinar si el paciente reúne las condiciones anatómicas y visuales necesarias para el implante.

Lente ICL

Características y ventajas de las lentes ICL

Lente fáquica de cámara posterior

La lente se ubica detrás del iris y delante del cristalino natural, en una zona denominada surco ciliar. Al estar dentro del ojo, no es visible externamente y no produce una sensación de lente de contacto sobre la superficie ocular.

Su correcta posición y estabilidad son especialmente importantes en las lentes tóricas, diseñadas para corregir el astigmatismo.

Material biocompatible: Collamer®

Las lentes ICL están fabricadas con Collamer®, un material patentado que incorpora colágeno y está diseñado para mantener una buena compatibilidad con los tejidos oculares.

Esta característica contribuye a su tolerancia dentro del ojo. Sin embargo, como todo implante intraocular, requiere controles periódicos para vigilar la salud ocular a largo plazo.

Protección frente a la radiación ultravioleta

El material de las lentes ICL incorpora protección frente a la radiación ultravioleta (UV), permitiendo el paso de la luz visible necesaria para la visión.

Esta característica complementa, pero no reemplaza, otras medidas de protección ocular frente al sol.

Tecnología central de flujo de humor acuoso

Los modelos EVO ICL incorporan un pequeño orificio central denominado Aquaport, diseñado para facilitar la circulación del humor acuoso dentro del ojo.

En estos modelos, esta característica generalmente elimina la necesidad de realizar una iridotomía periférica preventiva, aunque la indicación depende del modelo de lente y de la evaluación clínica.

Implantación mediante una pequeña incisión

La lente es flexible y se introduce plegada a través de una pequeña incisión, que habitualmente no requiere sutura. El procedimiento se realiza de forma ambulatoria y con anestesia local.

Corrección de defectos refractivos

Según el modelo y sus indicaciones autorizadas, las lentes ICL permiten corregir determinados grados de miopía y astigmatismo; algunas versiones también pueden utilizarse para corregir hipermetropía.

Son una alternativa especialmente relevante para ciertos pacientes con graduaciones elevadas o para quienes la cirugía láser corneal no resulta la opción más adecuada.

Lente ICL

¿Quiénes pueden ser candidatos a cirugía ICL?

La indicación debe establecerse mediante una evaluación oftalmológica personalizada. Entre los factores que se consideran se encuentran:

  • Tener una edad compatible con las indicaciones del modelo de lente seleccionado.
  • Presentar una graduación estable.
  • Tener miopía, con o sin astigmatismo, dentro del rango de corrección autorizado para la lente.
  • Contar con una profundidad de cámara anterior adecuada para el implante.
  • Tener un recuento suficiente de células endoteliales corneales, fundamentales para mantener la transparencia de la córnea.
  • Presentar una anatomía ocular compatible con la implantación.
  • No tener enfermedades oculares que contraindiquen el procedimiento.
  • Buscar una alternativa a la cirugía refractiva con láser por razones anatómicas, ópticas o personales.

La edad y los rangos de graduación aceptados varían según el modelo de lente y las indicaciones vigentes. Por ello, no es recomendable establecer un único rango universal para todos los pacientes.

Lente ICL

¿Quiénes podrían no ser candidatos?

La cirugía puede estar contraindicada o requerir una evaluación especial en personas con determinadas condiciones, entre ellas:

  • Cámara anterior demasiado estrecha o anatomía ocular incompatible con el implante.
  • Recuento insuficiente de células endoteliales corneales.
  • Glaucoma moderado o avanzado, presión intraocular elevada u otras alteraciones relevantes, según la evaluación médica.
  • Catarata u otras enfermedades del cristalino.
  • Antecedentes o signos de inflamación intraocular, como uveítis.
  • Graduación inestable.
  • Embarazo o lactancia, periodos en los que generalmente se recomienda posponer la cirugía electiva hasta que las condiciones se estabilicen.

La presencia de una de estas condiciones no debe evaluarse de forma aislada: el oftalmólogo determinará si el procedimiento está contraindicado y qué alternativas existen.

Lente ICL

Evaluación preoperatoria

Antes de la implantación de una lente ICL, es necesario realizar exámenes para estudiar la graduación y las características anatómicas del ojo.

La evaluación puede incluir:

  • Refracción y cicloplejia: permiten determinar con precisión el defecto refractivo.
  • Topografía o tomografía corneal: estudia la forma y las características de la córnea.
  • Medición de la profundidad de la cámara anterior: ayuda a determinar si existe espacio suficiente para el implante.
  • Microscopía especular: evalúa la cantidad y las características de las células endoteliales de la córnea.
  • Biometría y mediciones oculares específicas: permiten seleccionar el tamaño y la potencia de la lente.
  • Medición de la presión intraocular y evaluación del ángulo iridocorneal: ayudan a identificar factores que pueden aumentar el riesgo de complicaciones.
  • Examen de fondo de ojo con dilatación pupilar: permite evaluar la retina y otras estructuras internas, especialmente importante en pacientes con miopía elevada.

Según los antecedentes y los resultados, el especialista puede solicitar exámenes adicionales antes de confirmar la indicación quirúrgica.

Lente ICL

Principales ventajas de la cirugía ICL

Ventajas
  • No requiere retirar tejido corneal para corregir la graduación.
  • Conserva el cristalino natural.
  • Puede ser una alternativa para pacientes con determinadas graduaciones elevadas.
  • Puede considerarse en algunos pacientes que no son candidatos adecuados para LASIK o PRK.
  • Ofrece una recuperación visual generalmente rápida.
  • La lente puede retirarse o reemplazarse mediante una intervención quirúrgica si existe una indicación médica.
  • Los modelos tóricos permiten corregir determinados grados de astigmatismo.
Lente ICL

Riesgos y seguimiento

Aunque la cirugía ICL puede ofrecer buenos resultados en pacientes correctamente seleccionados, es un procedimiento intraocular y no está exento de riesgos.

Entre las posibles complicaciones se encuentran el aumento de la presión intraocular, la inflamación, la rotación o el desplazamiento de la lente, la pérdida de células endoteliales y la aparición o progresión de cataratas. También pueden presentarse halos, deslumbramiento u otras alteraciones visuales.

Por esta razón, la evaluación preoperatoria y los controles posteriores son fundamentales para detectar oportunamente cualquier complicación y mantener la salud ocular a largo plazo.

La cirugía ICL busca mejorar la calidad visual y reducir la dependencia de anteojos o lentes de contacto, pero no garantiza que el paciente nunca necesite corrección óptica. Además, no evita los cambios visuales asociados a la edad, como la presbicia.

Lente ICL

¿ICL o cirugía refractiva con láser?

ICL, LASIK y PRK son alternativas que pueden ofrecer buenos resultados, pero no están indicadas para las mismas personas.

Mientras LASIK y PRK modifican la forma de la córnea mediante láser, ICL corrige el defecto refractivo mediante una lente implantada dentro del ojo. La elección depende de la graduación, la anatomía ocular, la salud de la córnea, las expectativas visuales y la evaluación del especialista.

Pterigión

¿Qué es el pterigión?

El pterigión es un crecimiento anormal de la conjuntiva, la membrana transparente que recubre la parte blanca del ojo, que avanza progresivamente sobre la córnea, la superficie transparente que se encuentra delante del iris y la pupila.

Generalmente tiene forma triangular o de cuña y aparece en el sector interno del ojo, próximo a la nariz, aunque también puede desarrollarse en otras zonas.

En sus etapas iniciales puede provocar molestias leves. Sin embargo, cuando crece y avanza sobre la córnea, puede alterar la visión y, en determinados casos, afectar la superficie ocular.

Pterigión

¿Cuáles son sus síntomas?

El pterigión puede no causar molestias en sus primeras etapas. Cuando produce síntomas, los más frecuentes son:

  • Enrojecimiento ocular.
  • Irritación, ardor o sensación de sequedad.
  • Sensación de tener un cuerpo extraño en el ojo.
  • Lagrimeo.
  • Molestias ante la exposición al viento, polvo o luz solar.
  • Visión borrosa o distorsionada cuando la lesión altera la superficie corneal.

La intensidad de los síntomas depende del tamaño del pterigión, su grado de inflamación y su avance sobre la córnea.

Pterigión

¿Qué causa el pterigión?

El desarrollo del pterigión se relaciona principalmente con la exposición prolongada a la radiación ultravioleta (UV). Otros factores ambientales, como el viento, el polvo y la sequedad, también pueden contribuir a su aparición y progresión.

Por esta razón, es más frecuente en personas que viven en zonas de alta exposición solar o que realizan actividades al aire libre durante períodos prolongados.

Para reducir el riesgo de aparición o progresión, se recomienda utilizar anteojos de sol con protección UV adecuada, proteger los ojos del viento y el polvo y utilizar lubricantes oculares cuando estén indicados.

Pterigión

¿Cómo se trata el pterigión?

El tratamiento depende del tamaño de la lesión, los síntomas y su evolución.

Tratamiento médico y observación

Cuando el pterigión es pequeño, no afecta la visión y no presenta signos de progresión importante, puede ser suficiente realizar controles oftalmológicos periódicos.

Para aliviar las molestias, el especialista puede indicar lágrimas artificiales u otros tratamientos tópicos según el grado de irritación e inflamación.

Estos tratamientos ayudan a controlar los síntomas, pero no eliminan el tejido ni hacen desaparecer el pterigión.

Pterigión

¿Cuándo se recomienda la cirugía?

La cirugía puede estar indicada cuando el pterigión:

  • Crece progresivamente sobre la córnea.
  • Produce una alteración visual o induce astigmatismo.
  • Genera irritación persistente que no mejora con tratamiento médico.
  • Limita determinadas actividades o dificulta el uso de lentes de contacto.
  • Presenta otras características que, según la evaluación oftalmológica, justifican su extirpación.

La decisión de operar debe individualizarse. No todos los pterigiones requieren cirugía y el momento adecuado depende de la evaluación del especialista.

Pterigión

¿En qué consiste la cirugía de pterigión?

La cirugía consiste en retirar el tejido anormal que ha crecido sobre la superficie ocular. Para disminuir la posibilidad de que vuelva a aparecer, una técnica ampliamente utilizada es la extirpación del pterigión con autoinjerto conjuntival.

Este procedimiento consiste en extraer la lesión y colocar en la zona intervenida un pequeño fragmento de conjuntiva sana del mismo paciente, generalmente obtenido de otra área del mismo ojo. El injerto se fija mediante suturas o adhesivos quirúrgicos, según la técnica utilizada.

La intervención se realiza habitualmente de forma ambulatoria y con anestesia local, generalmente tópica o mediante infiltración, según el caso.

El autoinjerto conjuntival ayuda a reducir el riesgo de recurrencia en comparación con la extirpación simple, aunque ninguna técnica garantiza que el pterigión no vuelva a aparecer.

Pterigión

Recuperación y cuidados postoperatorios

Durante los primeros días después de la cirugía pueden presentarse enrojecimiento, lagrimeo, sensación de cuerpo extraño y molestias leves. Estos síntomas suelen disminuir progresivamente durante la recuperación.

El tratamiento postoperatorio puede incluir gotas lubricantes, antiinflamatorias y otros medicamentos indicados por el oftalmólogo.

La duración de la recuperación depende de la técnica empleada, el tamaño de la lesión y la evolución individual. Si se utilizan suturas, estas pueden disolverse por sí solas o requerir retiro, según el material utilizado y las indicaciones del cirujano.

Durante este período es importante:

  • Utilizar los medicamentos según la pauta indicada.
  • Evitar frotarse los ojos.
  • Proteger los ojos del sol, el viento y el polvo.
  • Evitar piscinas y actividades que puedan contaminar o lesionar el ojo hasta recibir autorización médica.
  • Asistir a todos los controles postoperatorios.

Ante dolor intenso, disminución de la visión, secreción importante o un empeoramiento de los síntomas, se debe contactar al equipo oftalmológico de inmediato.

Pterigión

¿Puede volver a aparecer el pterigión?

Sí. La recurrencia es una de las posibles complicaciones de esta cirugía. El riesgo depende de factores como las características de la lesión, la exposición ambiental y la técnica quirúrgica utilizada.

La elección de una técnica apropiada, el cumplimiento del tratamiento postoperatorio y la protección frente a la radiación UV contribuyen a reducir el riesgo, aunque no lo eliminan por completo.

Pterigión

Agenda una evaluación oftalmológica

Si presentas enrojecimiento persistente, irritación o notas que un tejido está creciendo sobre la parte blanca del ojo hacia la córnea, una evaluación oftalmológica permitirá determinar si se trata de un pterigión y cuál es el tratamiento más adecuado para tu caso.

Un diagnóstico oportuno ayuda a controlar las molestias y a decidir el momento apropiado para intervenir cuando la cirugía está indicada.

Chalazión

¿Qué es un chalazión?

El chalazión es una inflamación localizada del párpado que se produce cuando se obstruye una glándula de Meibomio, encargada de producir la capa grasa de la película lagrimal. Esta obstrucción provoca la acumulación de secreciones y la formación de un pequeño nódulo en el párpado, que puede aparecer en el párpado superior, en el inferior o en ambos.

Generalmente, el chalazión no corresponde a una infección y suele desarrollarse de manera progresiva. Es más frecuente en personas con blefaritis, rosácea, dermatitis seborreica o antecedentes de chalaziones recurrentes.

Chalazión

¿Cómo se manifiesta?

Los síntomas y signos más frecuentes del chalazión incluyen:

  • Aparición de un bulto o nódulo en el párpado.
  • Hinchazón localizada.
  • Enrojecimiento e inflamación.
  • Sensibilidad o molestias al tocar la zona.
  • Sensación de pesadez en el párpado.
  • Lagrimeo o irritación ocular.

En algunos casos, especialmente cuando el chalazión es grande, puede ejercer presión sobre la córnea y provocar visión borrosa o cambios en la graduación.

A diferencia del orzuelo, que suele ser una infección aguda y dolorosa, el chalazión habitualmente se presenta como un nódulo más persistente y poco doloroso, aunque puede existir inflamación y sensibilidad.

Chalazión

¿Cómo se trata el chalazión?

El tratamiento depende del tamaño de la lesión, el tiempo de evolución y las molestias que provoque. Muchos chalaziones desaparecen espontáneamente en el transcurso de varias semanas.

Tratamiento inicial

Como primera medida, se recomienda aplicar compresas tibias sobre el párpado afectado, con el ojo cerrado, durante aproximadamente 10 a 15 minutos, varias veces al día. Después, puede realizarse un masaje suave sobre el párpado, siempre que no provoque dolor.

Estas medidas ayudan a fluidificar las secreciones y favorecen el drenaje natural de la glándula obstruida.

También puede ser útil mantener una adecuada higiene palpebral, especialmente en pacientes con blefaritis.

Los antibióticos no están indicados de rutina, ya que el chalazión no suele ser una infección. El oftalmólogo puede prescribir medicamentos específicos si existe una infección asociada u otra condición que lo justifique.

No se recomienda apretar, pinchar ni intentar drenar el chalazión en casa, porque estas maniobras pueden agravar la inflamación o provocar una infección.

Chalazión

¿Cuándo se recomienda la cirugía?

Cuando el chalazión persiste a pesar del tratamiento conservador, aumenta de tamaño, provoca molestias importantes o afecta la visión, el oftalmólogo puede recomendar un procedimiento para drenarlo.

La indicación depende de cada caso y no existe un plazo único aplicable a todos los pacientes.

En determinadas situaciones, también puede considerarse una inyección local de corticoides como alternativa al drenaje quirúrgico, según las características y la ubicación de la lesión.

Chalazión

¿En qué consiste la cirugía de chalazión?

El procedimiento habitual es la incisión y el curetaje del chalazión. Se realiza generalmente de forma ambulatoria y con anestesia local.

El cirujano accede a la lesión, habitualmente desde la cara interna del párpado, realiza una pequeña incisión y extrae el contenido acumulado y el material inflamatorio.

Cuando se utiliza esta vía interna, generalmente no se necesitan puntos de sutura y no suele quedar una cicatriz visible en la piel del párpado.

En determinadas lesiones, puede ser necesario realizar el abordaje desde la piel, lo que depende de su ubicación y características. En estos casos, el uso de suturas y su posterior retiro dependerán de la técnica empleada.

Chalazión

Recuperación y cuidados postoperatorios

Después de la cirugía puede presentarse hinchazón, enrojecimiento, sensibilidad o un pequeño hematoma en el párpado. Estas molestias suelen disminuir progresivamente durante los días siguientes, aunque la recuperación completa puede tardar más tiempo.

El oftalmólogo indicará los cuidados y medicamentos necesarios según cada caso. Se recomienda:

  • Cumplir el tratamiento indicado y asistir a los controles.
  • Evitar frotarse o presionar el párpado intervenido.
  • Mantener una adecuada higiene de la zona.
  • Evitar maquillaje ocular hasta que el especialista lo autorice.

Si aparece dolor intenso, fiebre, enrojecimiento que se extiende alrededor del ojo o disminución de la visión, se debe solicitar atención médica urgente.

Chalazión

¿Puede volver a aparecer el chalazión?

Sí. El chalazión puede reaparecer en el mismo párpado o desarrollarse en otro, especialmente en personas con blefaritis o disfunción de las glándulas de Meibomio.

La higiene palpebral y el control de las enfermedades asociadas pueden ayudar a reducir las recurrencias.

Cuando una lesión persiste durante mucho tiempo, reaparece repetidamente en el mismo lugar o presenta características atípicas, el oftalmólogo puede indicar estudios adicionales o una biopsia para descartar otras enfermedades del párpado.

Chalazión

Agenda una evaluación oftalmológica

Si presentas un bulto persistente en el párpado, inflamación o molestias que no mejoran con las medidas iniciales, una evaluación oftalmológica permitirá confirmar el diagnóstico y determinar el tratamiento más adecuado para tu caso.

Glaucoma

¿Qué es el glaucoma?

El glaucoma es un grupo de enfermedades oculares que provocan un daño progresivo del nervio óptico, estructura encargada de transmitir la información visual desde la retina hasta el cerebro. Si no se detecta y trata oportunamente, puede causar una pérdida irreversible de la visión.

Uno de los principales factores de riesgo es el aumento de la presión intraocular (PIO), que se produce cuando existe un desequilibrio entre la producción y el drenaje del humor acuoso, el líquido que circula en el interior del ojo.

Sin embargo, el glaucoma también puede desarrollarse en personas con una presión intraocular dentro de los rangos habituales. Por este motivo, una medición aislada de la presión ocular no es suficiente para confirmar ni descartar la enfermedad.

El daño suele afectar inicialmente la visión periférica y puede avanzar sin que el paciente lo perciba. En etapas avanzadas, puede comprometer la visión central.

Glaucoma

Formas de presentación y sintomatología

Existen diferentes tipos de glaucoma. Entre los más frecuentes se encuentran el glaucoma de ángulo abierto y el glaucoma de ángulo cerrado.

Glaucoma de ángulo abierto

Es una de las formas más comunes de la enfermedad. En este tipo de glaucoma, el ángulo de drenaje formado entre la córnea y el iris permanece abierto, pero el humor acuoso no drena de manera adecuada.

La enfermedad suele progresar lentamente y, en sus primeras etapas, generalmente no produce síntomas. A medida que avanza, puede provocar una pérdida gradual de la visión periférica, que muchas veces pasa inadvertida hasta que el daño es considerable.

Por esta razón, los controles oftalmológicos periódicos son fundamentales, especialmente en personas con factores de riesgo.

Glaucoma de ángulo cerrado

Se produce cuando el iris bloquea parcial o totalmente el ángulo por donde drena el humor acuoso, lo que puede provocar un aumento de la presión intraocular.

En algunos pacientes, el cierre angular puede desarrollarse de forma progresiva y sin síntomas evidentes. Sin embargo, cuando ocurre un cierre agudo, la presión puede aumentar rápidamente y constituir una urgencia oftalmológica.

Los síntomas de una crisis aguda pueden incluir:

  • Dolor ocular intenso.
  • Ojo rojo.
  • Visión borrosa.
  • Halos o círculos de colores alrededor de las luces.
  • Dolor de cabeza.
  • Náuseas y vómitos.

Si aparecen estos síntomas de forma repentina, se debe acudir inmediatamente a un servicio de urgencia oftalmológica. El tratamiento oportuno es fundamental para evitar daños permanentes en la visión.

Glaucoma

¿Cómo se diagnostica el glaucoma?

Los controles oftalmológicos completos permiten detectar signos tempranos de glaucoma, incluso antes de que el paciente note cambios en su visión.

La frecuencia de los exámenes depende de la edad, los antecedentes familiares, los factores de riesgo y los hallazgos de cada evaluación. Las personas con familiares diagnosticados con glaucoma o con otros factores de riesgo pueden necesitar controles más frecuentes.

Para realizar el diagnóstico, el oftalmólogo puede solicitar los siguientes exámenes:

  • Tonometría: mide la presión intraocular. En determinados casos pueden realizarse mediciones en distintos horarios.
  • Campo visual computarizado o de Goldmann: evalúa la sensibilidad visual y permite identificar alteraciones del campo visual.
  • Tomografía de coherencia óptica (OCT) del nervio óptico: analiza las fibras nerviosas de la retina y ayuda a detectar y monitorizar el daño.
  • Fondo de ojo: permite examinar el nervio óptico y otras estructuras de la retina.
  • Gonioscopía: evalúa el ángulo de drenaje para determinar si está abierto, estrecho o cerrado.
  • Paquimetría corneal: mide el grosor de la córnea, un dato relevante para interpretar la presión intraocular.

La combinación de estos exámenes, junto con la historia clínica y la evaluación oftalmológica, permite establecer el diagnóstico, determinar el tipo de glaucoma y definir el tratamiento más adecuado.

Glaucoma

¿Qué hacer una vez diagnosticado el glaucoma?

El glaucoma es una enfermedad crónica que requiere seguimiento periódico. Una vez confirmado el diagnóstico, el objetivo es controlar la presión intraocular y vigilar la evolución del nervio óptico y del campo visual.

Es fundamental utilizar los medicamentos según las indicaciones del oftalmólogo, asistir a los controles programados e informar cualquier efecto adverso o dificultad para cumplir el tratamiento.

Aunque la presión intraocular se encuentre controlada, es necesario continuar con el seguimiento, ya que el daño puede progresar y requerir ajustes terapéuticos.

El tratamiento no recupera la visión que ya se ha perdido, pero puede ayudar a frenar o ralentizar el deterioro visual y preservar la visión restante.

Glaucoma

¿Cómo se trata el glaucoma?

El tratamiento depende del tipo de glaucoma, la gravedad del daño, la presión intraocular y las características de cada paciente. Las principales alternativas son los medicamentos, el láser y la cirugía.

Tratamiento con gotas oftálmicas

En muchos casos, el tratamiento inicial consiste en utilizar gotas que disminuyen la presión intraocular, ya sea reduciendo la producción de humor acuoso o facilitando su drenaje.

El medicamento se selecciona de acuerdo con las necesidades de cada paciente, considerando su estado ocular, otras enfermedades, los posibles efectos secundarios y la respuesta al tratamiento.

En general, el tratamiento es prolongado y puede ser de por vida. Es importante no suspender ni modificar las gotas sin consultar al oftalmólogo, incluso cuando no existan molestias.

Glaucoma

Tratamiento con láser

Existen diferentes procedimientos láser según el tipo de glaucoma.

  • Trabeculoplastia láser: se utiliza en determinados casos de glaucoma de ángulo abierto para mejorar el drenaje del humor acuoso y reducir la presión intraocular.
  • Iridotomía periférica con láser: crea una pequeña abertura en el iris para facilitar la circulación del humor acuoso. Se utiliza en determinados pacientes con ángulo estrecho o cierre angular, según la evaluación del especialista.

La iridotomía no es el tratamiento indicado para todos los tipos de glaucoma. En una crisis aguda de cierre angular, se requiere atención urgente y puede ser necesario administrar medicamentos para reducir la presión antes de realizar el procedimiento definitivo.

Glaucoma

Tratamiento quirúrgico

Cuando los medicamentos o el láser no permiten controlar adecuadamente la presión intraocular, o cuando las características de la enfermedad hacen necesario un tratamiento más intensivo, el oftalmólogo puede recomendar una cirugía. Entre las técnicas utilizadas se encuentran:

Trabeculectomía

Consiste en crear una nueva vía de drenaje para facilitar la salida del humor acuoso desde el interior del ojo hacia un espacio situado debajo de la conjuntiva. Esto permite disminuir la presión intraocular y reducir el riesgo de progresión del daño del nervio óptico.

Implantes o dispositivos de drenaje

Son pequeños dispositivos que permiten conducir el humor acuoso hacia una zona donde pueda ser absorbido. Se utilizan en determinados tipos de glaucoma o cuando otras intervenciones no son las más adecuadas.

Cirugía mínimamente invasiva para el glaucoma (MIGS)

Incluye diferentes procedimientos diseñados para reducir la presión intraocular mediante intervenciones de menor complejidad en pacientes seleccionados. Su indicación depende del tipo y la etapa del glaucoma, así como de las características oculares de cada persona.

Ninguna intervención garantiza la curación definitiva del glaucoma. Después de la cirugía, es indispensable continuar con los controles para evaluar la presión intraocular, la recuperación y la evolución de la enfermedad.

Glaucoma

¿Se puede prevenir el glaucoma?

No existe una medida que garantice prevenir todos los tipos de glaucoma. Sin embargo, el diagnóstico temprano y el tratamiento oportuno pueden ayudar a reducir el riesgo de una pérdida visual importante.

Se recomienda realizar controles oftalmológicos periódicos, especialmente si existen antecedentes familiares, presión intraocular elevada u otros factores de riesgo.

No es suficiente tomarse la presión ocular una vez al año: el especialista debe evaluar también el nervio óptico y determinar qué exámenes y frecuencia de seguimiento corresponden a cada paciente.

Inyecciones intravítreas

¿Qué son las inyecciones intravítreas?

Las inyecciones intravítreas son un procedimiento oftalmológico que consiste en administrar medicamentos directamente al interior del ojo, específicamente en la cavidad vítrea, el espacio que se encuentra entre el cristalino y la retina.

Esta vía de administración permite que el medicamento actúe directamente sobre las estructuras del fondo del ojo, especialmente la retina y la mácula, que es la zona responsable de la visión central y de los detalles.

Las inyecciones intravítreas se utilizan para tratar diversas enfermedades que pueden afectar la visión. El medicamento, la frecuencia de las aplicaciones y la duración del tratamiento dependen de la enfermedad y de la respuesta de cada paciente.

Inyecciones intravítreas

¿Para qué se utilizan?

Las inyecciones intravítreas se emplean principalmente para tratar enfermedades de la retina y la mácula, entre ellas:

  • Degeneración macular asociada a la edad (DMAE): especialmente su forma neovascular o húmeda, que puede provocar crecimiento anormal de vasos sanguíneos y acumulación de líquido en la retina.
  • Retinopatía diabética: en determinados casos, para tratar complicaciones que amenazan la visión.
  • Edema macular diabético: acumulación de líquido en la mácula que puede producir visión borrosa y pérdida de visión central.
  • Oclusiones venosas de la retina: pueden provocar edema macular y disminución de la visión.
  • Otras enfermedades retinianas: según el diagnóstico, también pueden utilizarse corticoides u otros medicamentos específicos.
Inyecciones intravítreas

¿Qué medicamentos se utilizan?

Los medicamentos utilizados en las inyecciones intravítreas son los siguientes:

  • Anti-VEGF: ayudan a disminuir la formación de vasos sanguíneos anormales y la acumulación de líquido en la retina. Entre ellos se encuentran bevacizumab (Avastin), ranibizumab (Lucentis), aflibercept (Eylea) y faricimab (Vabysmo), entre otros. Avastin se utiliza en oftalmología para determinadas enfermedades retinianas, aunque su uso ocular es fuera de indicación aprobada en muchos países.
  • Corticosteroides intravítreos: pueden utilizarse en determinadas enfermedades inflamatorias o edemas de la retina. Requieren controles específicos, ya que pueden aumentar la presión intraocular y favorecer la aparición o progresión de cataratas.

La elección del medicamento se realiza según los antecedentes del paciente, el diagnóstico, la respuesta al tratamiento y el criterio del oftalmólogo.

Inyecciones intravítreas

¿Cómo se realiza el procedimiento?

Las inyecciones intravítreas se realizan de forma ambulatoria, bajo condiciones estrictas de asepsia en pabellón. El procedimiento generalmente incluye las siguientes etapas:

  • 1. Preparación del ojo: se limpia la zona ocular y se utilizan gotas anestésicas para disminuir las molestias.
  • 2. Desinfección: se aplica un antiséptico ocular, habitualmente povidona yodada, para reducir el riesgo de infección.
  • 3. Administración del medicamento: el oftalmólogo introduce una aguja muy fina a través de la parte blanca del ojo, en una zona previamente determinada, y administra el medicamento dentro de la cavidad vítrea.
  • 4. Evaluación posterior: el médico verifica que el procedimiento haya finalizado adecuadamente y entrega las indicaciones correspondientes.
Inyecciones intravítreas

¿Cuántas inyecciones se necesitan?

La cantidad de aplicaciones varía según la enfermedad, el medicamento utilizado y la respuesta al tratamiento. Lo habitual es comenzar con tres inyecciones separadas por un mes y luego ir ajustando caso a caso.

En muchas patologías retinianas se requiere más de una inyección y pueden ser necesarios controles y tratamientos durante meses o años.

El oftalmólogo determina el intervalo entre las aplicaciones mediante la evaluación de la agudeza visual, el examen de fondo de ojo y, cuando corresponde, la tomografía de coherencia óptica (OCT), que permite identificar líquido y otros cambios en la retina.

Es importante asistir a las citas programadas, ya que retrasar o suspender el tratamiento sin indicación médica puede favorecer la reactivación de la enfermedad y aumentar el riesgo de pérdida visual.

Inyecciones intravítreas

¿Cuáles son los beneficios?

Los beneficios dependen de la enfermedad tratada y de la precocidad con que se inicia el tratamiento. Entre los principales se encuentran:

  • Administrar el medicamento directamente en el interior del ojo.
  • Reducir la acumulación de líquido en la retina en enfermedades que responden al tratamiento.
  • Disminuir la actividad de vasos sanguíneos anormales en determinadas patologías.
  • Estabilizar la visión y, en algunos pacientes, mejorarla.
  • Reducir el riesgo de pérdida visual asociada a ciertas enfermedades retinianas.

Los resultados varían entre pacientes. El tratamiento no garantiza recuperar completamente la visión ni elimina necesariamente la enfermedad de forma definitiva.

Inyecciones intravítreas

¿Cuáles son los riesgos y posibles complicaciones?

Las inyecciones intravítreas son procedimientos habituales en oftalmología y, cuando se realizan con las medidas adecuadas, presentan un perfil de seguridad favorable. Sin embargo, como toda intervención, tienen riesgos.

Entre los efectos y complicaciones posibles se encuentran:

  • Enrojecimiento localizado o pequeña hemorragia en la parte blanca del ojo.
  • Sensación de cuerpo extraño o irritación transitoria.
  • Aumento temporal de la presión intraocular.
  • Inflamación dentro del ojo.
  • Infección intraocular o endoftalmitis, una complicación poco frecuente pero grave.
  • Desgarro o desprendimiento de retina, que son complicaciones poco frecuentes.

La evaluación previa, las medidas de asepsia y el seguimiento posterior ayudan a reducir los riesgos y detectar oportunamente posibles complicaciones.

Inyecciones intravítreas

¿Qué cuidados se deben tener después de la inyección?

Después del procedimiento, pueden aparecer molestias leves, lagrimeo, sensación de arenilla o una pequeña mancha roja en la parte blanca del ojo. Estos síntomas suelen mejorar progresivamente.

Es importante seguir las instrucciones entregadas por el equipo médico y evitar frotarse o presionar el ojo.

No se deben utilizar gotas antibióticas ni otros medicamentos por cuenta propia, salvo que el oftalmólogo los indique.

Inyecciones intravítreas

¿Cuándo consultar de urgencia?

Después de una inyección intravítrea, se debe contactar de inmediato al oftalmólogo o acudir a urgencias si aparece alguno de los siguientes síntomas:

  • Dolor ocular intenso o que aumenta.
  • Enrojecimiento importante o progresivo.
  • Disminución de la visión o visión cada vez más borrosa.
  • Aumento significativo de la sensibilidad a la luz.
  • Aparición repentina de muchas manchas flotantes, destellos luminosos o una sombra similar a una cortina en el campo visual.

Estos síntomas pueden indicar una complicación que requiere evaluación urgente.

Inyecciones intravítreas

¿Por qué es importante el seguimiento oftalmológico?

Las enfermedades que requieren inyecciones intravítreas suelen necesitar controles periódicos para evaluar la respuesta al medicamento y determinar cuándo realizar nuevas aplicaciones.

El seguimiento permite ajustar el tratamiento según la evolución de la enfermedad y detectar posibles complicaciones.

Cumplir con las fechas indicadas es fundamental para mantener el beneficio del tratamiento y proteger la visión.

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