La salud visual puede cambiar de manera gradual y, en muchos casos, sin producir síntomas evidentes al comienzo. Por eso, realizar controles oftalmológicos periódicos es importante incluso cuando sentimos que vemos bien.
Un examen visual no solo permite determinar si una persona necesita lentes. También ayuda a evaluar el estado general de los ojos y a detectar tempranamente problemas como errores refractivos, cataratas, glaucoma, alteraciones de la retina o enfermedades relacionadas con la diabetes. Algunas de estas condiciones pueden avanzar durante bastante tiempo antes de afectar claramente la visión.
Señales que indican que debes consultar
Es recomendable solicitar una evaluación oftalmológica cuando se presentan cambios como:
- Visión borrosa de cerca o de lejos.
- Dificultad para leer o enfocar objetos.
- Dolores de cabeza frecuentes asociados al esfuerzo visual.
- Cansancio, ardor o molestias en los ojos.
- Visión doble.
- Dolor ocular.
- Enrojecimiento o secreción persistente.
- Aparición de manchas flotantes, destellos o halos alrededor de las luces.
- Disminución repentina o progresiva de la visión.
También es conveniente consultar cuando existe dificultad para conducir de noche, sensibilidad excesiva a la luz o necesidad de acercarse demasiado a pantallas, libros u otros objetos.
¿Con qué frecuencia se debe realizar un examen visual?
La frecuencia depende de la edad, los antecedentes médicos, la salud ocular y los factores de riesgo de cada persona. No existe un calendario único que sea adecuado para todos.
Niños
La visión cumple un papel importante en el aprendizaje y el desarrollo. Los niños no siempre identifican o comunican que ven mal, porque pueden pensar que su manera de ver es normal.
Se recomienda evaluar la visión durante la infancia y realizar al menos un control entre los 3 y 5 años para detectar problemas como ambliopía, conocida también como “ojo vago”, o factores que puedan afectar el desarrollo visual.
También conviene solicitar una evaluación si el niño:
- Se acerca demasiado a las pantallas.
- Entrecierra los ojos para ver.
- Se tapa uno de los ojos.
- Presenta desviación ocular.
- Tiene dificultades para leer.
- Se queja de dolor de cabeza.
- Pierde el interés rápidamente en actividades visuales.
Adultos
Aunque no existan molestias, los adultos deben incorporar el examen visual a sus controles preventivos. La necesidad de revisiones suele aumentar con la edad, especialmente desde los 40 años, cuando pueden aparecer cambios en el enfoque cercano y aumenta el riesgo de ciertas enfermedades oculares. La Academia Americana de Oftalmología recomienda una evaluación ocular integral de referencia alrededor de los 40 años, con controles posteriores determinados por los hallazgos y factores de riesgo.
Las personas que usan lentes o lentes de contacto también necesitan controles periódicos para verificar que su corrección siga siendo adecuada y evaluar la salud ocular.
Adultos mayores
Con el paso de los años aumenta la probabilidad de desarrollar cataratas, glaucoma y degeneración macular asociada a la edad. Como referencia, el CDC recomienda realizar un examen ocular con dilatación cada uno o dos años en personas mayores de 60 años, aunque el especialista puede indicar una frecuencia diferente según cada caso.
Personas que requieren controles más frecuentes
Algunas condiciones pueden aumentar el riesgo de sufrir alteraciones visuales. Los controles deben ser especialmente rigurosos en personas que:
- Tienen diabetes.
- Presentan hipertensión arterial.
- Tienen antecedentes familiares de glaucoma u otras enfermedades oculares.
- Han sufrido una lesión ocular.
- Utilizan medicamentos que pueden afectar la visión.
- Han sido sometidas a una cirugía ocular.
- Presentan una enfermedad ocular previamente diagnosticada.
- Experimentan cambios frecuentes en la graduación.
Las personas con diabetes generalmente necesitan un examen ocular con dilatación cada año, ya que la enfermedad puede afectar los vasos sanguíneos de la retina sin causar síntomas al comienzo.

